julio 24, 2024
reflexión

Reflexión

Para adentrarse en el término “reflexión” desde el punto de vista de la Psicología, sería de interés fijarse primero en el significado de la palabra en el ámbito de la Física: “retorno al propio medio de propagación de ondas partículas materiales que inciden sobre las superficies límites de aquel.” (Diccionario de sinónimos y antónimos (1995). Barcelona: Editorial Océano p. 735.)

A primera vista no parece haber vinculación entre el concepto de “reflexión” en la Física y la noción de “reflexión” en la Psicología. Sin embargo, habría que reflexionar (valga la redundancia), al respecto. Al respecto, queremos dar algunas indicaciones en las siguientes secciones del presente texto.

El uso de este término en diversos ámbitos

La palabra “reflexión” en el lenguaje cotidiano es sinónimo de pensar, razonar, especular, ponderar, juzgar, discurrir, examinar, profundizar, analizar, hablar consigo mismo, meditar, etc., y viceversa (por ejemplo, “hablar consigo mismo” es sinónimo de “reflexión”) En tanto, “pensativo” es sinónimo de reflexivo, ensimismado, absorto, abstraído, introspectivo, contemplativo, etc.

Obsérvese que si se compara el concepto de “reflexión” en Física y el de “reflexión” en general (con sus sinónimos), existe un común denominador

¿Y cuál es ese común denominador? Pues, sucede que en ambos casos tiene lugar un movimiento de ida y vuelta… mientras se produce el fenómeno, se trate de ondas que retornan y vuelven o de ideas que van y vienen (ideas reflexivas). 

La superficie sobre la que se reflejan las ideas es la misma conciencia que las produce. Por ello, “reflexionar” implica un proceso de rebote; pero también de retroalimentación de ideas y, en este punto, la noción física de “reflexión” se distancia de la cuestión fundamental aquí tratada. 

La reflexión humana posee elementos cualitativos de tipo cognitivo, en una trama de naturaleza arborescente compleja. Pero tiene que ver con esa noción pendular del ida y vuelta: es necesario cierto feedback, intercambio, no es una cosa unilateral. 

Cuando una idea se impone, entonces no hay reflexión. Esa es una de las claves para entender este concepto. Y vale decir que es una de las premisas desde las cuales se estudia la reflexión en la psicología

La reflexión como una actividad mental

Este mismo artículo es un constructo reflexivo sobre la “reflexión”. ¿Qué es reflexionar? Pareciera entonces que es una actividad mental que tiene como propósito pensar y sopesar sobre algo, alguna cosa o una o varias cuestiones. 

El pensamiento reflexivo

Yendo un poco más arriba en esta reflexión sobre la “reflexión, “el reflexionar” y sus derivados, las ideas de Piaget son precisas y adecuadas. Hay que tener en cuenta que este psicólogo se esmeró en ver el proceso reflexivo desde la infancia, por lo cual lo entiende como algo continuo y en desarrollo.

Para el psicólogo, los procesos reflexivos en el humano aparecen hacia los siete u ocho de edad, cuando los niños piensan antes de acometer alguna acción, teniendo lugar la difícil conducta de la reflexión. Cabe subrayar un nuevo componente: la “conducta de la reflexión”.

Es más, para Piaget, la “reflexión no es más que una deliberación interior, o sea, una discusión llevada a cabo con uno mismo al igual que podría llevarse a cabo con varios interlocutores o contradictores reales o exteriores.” (Piaget, Jean (1991). Seis estudios de psicología, Barcelona: Editorial Labor, p. 57).

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La reflexión entendida como una conducta social

En consecuencia, la “reflexión” es una conducta social de discusión, aunque pertenezca al ámbito interior (de la misma forma que el pensamiento implica un lenguaje interior y, por ende, interiorizado).

En correspondencia, muchas veces la discusión se antepone con esa norma ordinaria que los sujetos siempre terminan aplicándose las conductas adquiridas en función de los otros sujetos, “o que la discusión socializada no es más que una reflexión exteriorizada.” (Ibídem, p.57). Para ser estrictos, la conducta humana es al mismo tiempo social e individual, así que difícilmente se puede hallar un orden en lo anteriormente afirmado.

La capacidad reflexiva en la mente adulta alcanza el nivel de “pensamiento formal”, de carácter “hipotético-deductivo”. 

Es así como el pensamiento reflexivo capaz de deducir las conclusiones que deben sacarse de meras hipótesis, cuya validez, la de las conclusiones, es independiente de su autenticidad. En estos términos, pensar es la libre actividad de la “reflexión” espontánea.

De lo anterior, se deduce otra condición. La idea de que la reflexión es algo espontáneo. Es ese pensamiento que aparece ante las cosas. A diferencia del análisis, que es más determinado a un objetivo, la reflexión es aquello que la mente emana ante algo.

No en vano, muchas veces la gente dice: “me sucedió algo que me hizo reflexionar”. Es decir, algo que funciona como detonante para que aparezca la reflexión. Por lo tanto, en psicología muchas veces se le evalúa como ese pensamiento espontáneo. 

La reflexión es fundamental

Dicho lo anterior, la “reflexión” es por su propia naturaleza una cualidad humana. Junto al lenguaje es el constructo racional necesario (más no indispensable) para habitar individual y socialmente el mundo. 

Es interesante ver la reflexión como un constructo social. No se puede negar que las sociedades inducen cierta manera de pensar en sus integrantes. Igualmente, es una manera de relacionarse entre las personas. Todos los miembros de un grupo tienden a pensar igual.

De lo anterior, se desprende la importancia del lenguaje. Se dice que el lenguaje es una manera de expresar el mundo… pero, también, es una manera de entenderlo. Las últimas tendencias de la filosofía del siglo XX así lo argumentan (tal es el caso de Foucault o de Habermas). 

Relación entre el lenguaje y los procesos reflexivos

El lenguaje escrito es el reverso del lenguaje oral. La comprensión de toda reflexión se consigue a expensas de las palabras y la sintaxis de las mismas. 

El lenguaje escrito, como es el caso de este artículo, es un instrumento indispensable para transmitir lo que antes pertenecía al ámbito de la “reflexión” interior que lo antecede.

Primero deviene “el hablar consigo mismo” y luego se escribe. En este caso, se hace uso de un borrador mental, porque el ordenador ha eliminado los borradores en papel. 

Y ese borrador mental del lenguaje (que no es otra cosa que el accionar del pensamiento reflexivo y la reflexión en silencio) es el lenguaje interno. El lenguaje interior juega el rol de borrador mental no solo en la escritura, sino además en el lenguaje oral.

Sobre el habla interna y la reflexión íntima

En tal sentido, la denominada “habla interna” es la reflexión íntima. Y lo más relevante es que entre las reflexiones exteriorizadas e internas se produce una intermediación constante; las operaciones reflexivas pasan constantemente de una instancia a otra. 

Cuando el lenguaje interno se asemeja más al lenguaje externo, está más relacionado al comportamiento, pudiendo llegar a configurar una forma totalmente semejante al mismo cuando pretenda convertirse en lenguaje externo. 

Por ejemplo, la disertación sobre un tema que se prepara para una conferencia. Acá se aprecia una total continuidad entre la “conducta de la reflexión” interna y la externa, recordando la expresión ya citada.

Entendida la reflexión como una operación del pensamiento verbal, se puede afirmar que existe una estrecha vinculación entre pensamiento y lenguaje. En otros casos, pertenecientes al pensamiento no verbal y del lenguaje no intelectual la vinculación es distante y no mantienen relaciones de causalidad.

Vemos así otro rasgo de la reflexión: la necesidad de expresarse. Para ello se vale de un lenguaje. Lo interesante del lenguaje es que puede llegar a condicionar la misma forma de la reflexión. 

¿Qué significa lo antes expresado? Pues, que muchas veces se reflexiona teniendo el lenguaje como una suerte de molde. Es una curiosa situación, aunque la aceptación de esta circunstancia ha sido un poco tardía: es una aseveración propia de finales del siglo XX. 

Las funciones que tiene el proceso reflexivo

La función propia de la “reflexión” no es contradecir, más bien es adelantarse e interpretar a la experiencia, aunque no está exenta de ésta. 

Por otra parte, se debe tener en cuenta que el pensamiento posee dos dimensiones, “lateral” y “lógico”, que definen la función multi-vectorial  del acto de pensar. Y por extensión, ambas dimensiones son consubstanciales al acto de reflexionar.

Es decir, el pensamiento -que Piaget apellida “reflexivo”- es la suma de dos poderosas capacidades subjetivas:

  • Primero, la capacidad de reflexionar lateralmente, creativamente, holísticamente. Es decir, un pensamiento que puede no solo crear una realidad sino cambiar la existente.
  • En segundo término, está la capacidad de reflexionar en función de elaborar un criterio o juicio simultáneo a la concepción de las ideas, en la que la validez empírica de cada noción es fundamental.

El pensamiento reflexivo no solo es de interés para la Psicología, lo es también para la Filosofía, porque ésta es por definición la actividad viva del pensamiento y la reflexión sobre este pensamiento, o bien el hacer y hablar del mismo. 

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La filosofía y la noción de reflexión

En la antigüedad, se llegó a decir que la Filosofía es el esfuerzo reflexivo por conseguir la felicidad. No obstante, también la filosofía se preocupa por la idea del pensar correctamente.

Un caso emblemático es la noción de silogismo y otros modos de pensamiento que eran pensados como perfectos. Esta idea por pensar de manera adecuada llega hasta el periodo modero. Con Renato Descartes, llega a su máxima expresión surgiendo así la rama de la filosofía conocida como racionalismo. 

La idea del “pienso, luego existo” es un puntal al respecto. Es así como la idea de reflexión se ha mantenido como asunto de interés. La psicología no se ha quedado atrás en ello, siendo uno de sus campos de estudio. 

A modo de conclusión

Es prácticamente improbable vivir una vida normal sin hablar consigo mismo, sin la reflexión interior; sin sopesar lo bueno y lo malo para sí o para los demás. Toda persona adulta y en su juicio pleno, pasa por procesos de auto-reconocimiento, por mecanismos reflexivos, que reorientan o determinan sus conductas presentes y futuras.

Hablar de la importancia de la reflexión (de reflexionar) conduce necesariamente a su definición como proceso de rebote y de retroalimentación de ideas. 

Es la confrontación ensimismada, o consigo misma(o) que tiene lugar en la mente. Cuando se sopesan los pormenores de una situación, como podría ser la conveniencia de conformar una familia, la aceptación de un nuevo empleo, la creación de una empresa, estudiar una carrera universitaria, profesar una religión distinta a la de los padres, etc.

No se puede negar que el pensamiento reflexivo está allí para indicarnos, con base a la experiencia propia y ajena, cuáles son las posibilidades más adecuadas.

Afortunadamente, la mente humana es un sistema maleable. Las personas siempre podrán readaptarse reflexivamente a nuevas experiencias.

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