julio 24, 2024
Poliamor

Poliamor

Las relaciones sexuales múltiples a lo largo de la evolución social humana siempre han existido, solo que han permanecido regularmente en el ámbito de lo secreto e íntimo por pertenecer, según las doctrinas y costumbres morales, al territorio movedizo de lo inmoral. 

Entre las conductas moralmente aceptadas y las conductas tenidas por inmorales, el poliamor es un término reciente que pareciera matizar, a la luz de la libertad sexual contemporánea, el contenido negativo que se le ha dado a las relaciones sexuales entre tres o más personas.

¿Qué es el poliamor?

Dicho lo anterior, el poliamor constituye una manera popular de mencionar, sin peyorativos, un comportamiento sexual y amoroso cada vez más extendido alrededor del mundo. El poliamor es otra opción al sistema tradicional de la unión monógama. El principal rasgo de esta forma de unión amorosa es que se realiza en común acuerdo entre las partes involucradas.

Más específicamente, el poliamor es una forma de unión amorosa y sexual entre adultos. En la práctica, más de dos personas mantienen relaciones afectivas y sexuales de manera simultánea. Posee las mismas responsabilidades (características y compromisos) de una relación monógama, solo que estas son entre más personas.

Con la sugestiva denominación no-monogamia consensual, ética y responsable, se pretende darle el cariz de una relación perfectamente posible y necesaria en la sociedad contemporánea. 

En cualquier caso, detrás de tal denominación se esconde una declaración de libertad y subjetividad, una proclama que defiende la autonomía de relacionarse (tanto de manera sexual como amorosa) con varias personas de manera consciente, consensuada y ética.

Pudiera decirse que el poliamor es la suma reforzada de lo mejor de la infidelidad (la ruptura de la rutina sexual que supone una sola pareja) y la idea de los “amigos con derechos” (las relaciones sexuales libres consensuadas).

En inglés se llama poliamory y el término aparece socialmente en 1990, aunque las relaciones consensuadas entre varias personas han existido desde que el ser humano tiene conciencia de sí mismo. Existen familias poliamorosas con hijos criados por distintos progenitores, que se relacionan de esta manera en un mismo hogar.

Estas relaciones parten de un principio general: el amor no debe restringirse. Ello implica el establecimiento de una familia con varios padres y madres, donde se postulan valores como la intimidad, el respeto, la honestidad, la lealtad, la comunicación, el acuerdo y el desapego.

Los partidarios de esta relación alternativa piensan que es una forma responsable de unión que combate la infidelidad. El poliamor puede surgir de una relación monógama como una forma de solventar la necesidad de explorar otras necesidades sexuales y afectivas sin tener que mentir y ser infiel. Por ello, se afirma que el poliamor se fundamenta en la honestidad y la comunicación asertiva.

De todas formas, el poliamor es acogido por parejas con determinados estilos de vida. La poca estadística que existe al respecto da cuenta de que entre las personas homosexuales existe una mayor disposición para formar una relación de este tipo. Sin duda, se requiere que los individuos tengan una concepción más abierta de la vida en pareja.

Desde luego, el laicismo predominante en las sociedades occidentales contemporáneas ha facilitado una perspectiva anti-dogmática, debilitando la influencia de los discursos más conservadores, como el de la iglesia católica, contraria a las formas de unión no monógamas.

Además, el dato estadístico sugiere que los grupos poliamorosos tienden a ser más instruidos y cultos. Sobre sus condiciones socioeconómicas no existen datos que avalen la idea de que los más ricos son los que prefieren este tipo de relaciones. La vida amorosa y sexual en la relación poliamorosa descarta, por definición, las escenas de celos, tan comunes en las relaciones tradicionales. 

Poliamor

¿Cuáles son sus tipos y características?

Aunque en apariencia el sistema del poliamor, con sus reglas y características, está muy bien delimitado, existen al menos cuatro tipos de manifestaciones del poliamor. Queda a juicio de cada quien determinar cuál es la más interesante.  

El denominado  poliamor jerárquico está constituido por una relación principal dentro de un grupo de relaciones agregadas. Los individuos de la relación principal pueden establecer limitaciones a las otras parejas, en cuanto a relacionarse sexualmente con otros individuos dentro y fuera de la unión poliamorosa.

Otra forma de relación es la polifidelidad: es la experiencia de poliamor dentro de un grupo de individuos en particular. El acuerdo asegura que las relaciones sexuales solo se desarrollarán entre sus miembros.

Los individuos también pueden conformar relaciones poliamorosas donde priva el amor libre y la anarquía. Aunque existe algún tipo de consenso y manifestación de compromiso, las relaciones se generan sin expectativas concretas. Los vínculos o compromisos se desarrollan o no en el proceso. La libertad de selección y el formato mismo de la relación queda por cuenta de cada persona.

Por su parte, los acuerdos geométricos son formas bien estructuradas de grupos poliamorosos. Lo característico de estas manifestaciones multi-amorosas es su organización relacional vinculada al número de sus integrantes. 

En tal sentido, cuando comparten sexo entre todos y son tres conforman un trío. En las relaciones tríadicas uno funciona como eje y es quien conserva una posición equidistante con los otros. Cuando son cuatro las relaciones son intercambios de parejas con parejas.

Una palabra que resuena siempre en las mentes de los poliamorosos es la comunicación. En todos los casos, los formatos dependen de la misma. Habrá grupos que preferirán determinar y agenciar ciertos días para estar todos juntos, como también habrá otros que prefieran alternarse para cohabitar en parejas de manera idéntica.

De igual forma, la libertad permite dejarlo todo a la tirada de una moneda, entre cara o cruz, si bien a sabiendas de que las relaciones siempre serán distributivas. Las posibilidades son tan amplias que existen grupos bajo un mismo techo, como otros que son solo vecinos. No se deben olvidar los poliamorosos que solo se reúnen para viajar.

En suma, es posible hablar de relaciones poliamorosas convencionales. Pareciera que los vínculos equitativos en el poliamor están más extendidos que las relaciones jerárquicas. Con ello, ninguno de sus miembros es más relevante que otro. 

En la práctica, se evitan los escalafones, que podrían generar rivalidades y celos entre los miembros del grupo. Cada pareja o individuo está consciente de que suma y contribuye con sus dotes particulares en la armonía del vínculo poliamoroso. 

La opinión popular sobre el poliamor

En primer lugar, pareciera que el poliamor no es para personas emocionalmente inseguras, mucho menos celosos y mentalmente cuadradas. No es para personas con creencias tradicionales.

Muy por el contrario, quienes deseen ingresar en las relaciones poliamorosas tienen que despojarse de cualquier atadura moral convencional y tabú sobre su sexualidad y noción de amor. Desde luego, eso no quiere decir que en el poliamor no haya principios éticos y morales, lo que ocurre es que su puesta en práctica se produce dentro de un nuevo sistema de acuerdos.

En fin, si se siente atraído(a) por estas formas no convencionales de relacionarse amorosamente, debe saber que se requiere, en primer lugar, una mentalidad abierta y una comunión consigo mismo(a), para resignificar su sexualidad y el acceso a la misma. 

En las relaciones múltiples hallará seguramente otras barreras y conflictos que en una relación monógama no existen. Por ejemplo, la distribución de las tutelas cuando hay hijos, las obligaciones económicas múltiples, las actividades propias del hogar, el ejercicio de los roles de padres y madres, etc.

La curiosidad hacia estas relaciones puede ser un comienzo, pero no es suficiente. La madurez psicológica implica apropiarse de las doctrinas del poliamor, lo que implica una alta dosis de capacidad comunicativa y de empatía. De hecho, es un reaprendizaje cuando las parejas monógamas hacen el tránsito al poliamor.

Lo más difícil en las personas adultas y maduras es cambiar sus comportamientos y condicionamientos sociales, arraigados desde la infancia. Sin embargo, se sabe que la mente humana es sumamente maleable y es capaz de reaprender cuando las motivaciones son suficientemente fuertes.

Una de las críticas que hacen los poliamorosos de las uniones aparentemente monógamas es que las parejas tienden a ser más infieles y, por ende, más insinceras. En cambio, la infidelidad y la falsedad no son necesarias en el poliamor. Queda de su parte considerar los pros y los contras.

Poliamor

Recomendaciones básicas

Los celos no existen en las relaciones poliamorosas. Y en caso de que alguno de los miembros sienta algún resquicio de celos, lo discuten abiertamente para solucionarlo.

En las relaciones tradicionales, si bien también son importantes la comunicación y la confianza, los celos aparecen comúnmente porque en el contrato moral y afectivo no hay lugar para otra persona. En parte por ello se producen los celos, la rabia y el rechazo ante la sospecha de que la pareja está involucrada sexual y afectivamente con otra persona. 

En el poliamor pareciera darse la situación ideal, debido a que no hay cabida para sentir celos. El contrato afectivo en el poliamor debe pasar necesariamente por internalizar y hacer propias otras emociones, como el desapego en sí mismo. 

No es que la persona deja de amar a su pareja, sino que en él o ella priva entonces un estado especial de felicidad al saber que su ser querido la está pasando bien en brazos de otro u otra. Y, como es recíproco, no hay nada que reprochar.  Los psicólogos dicen que tal fenómeno se denomina “compersión”. Es una suerte de felicidad empática, opuesta al displacer y la rabia que generan los celos. 

Si se atiende al concepto de celos según la psicología, en las relaciones poliamorosas las personas logran sustituir o reprimir el temor a perder a la persona amada. Es más, sin distingo de género o tendencia sexual, son capaces de sentir amor y deseos sexuales hacia dos o más personas y de dar amor y complacer sexualmente en la misma medida. 

El poliamor es en la práctica un ejercicio de libertad (y como se ha indicado de desapego), donde el razonamiento y el acuerdo multilateral entre sus integrantes privan sobre cualquier emoción egoísta.

Diferencias entre poliamor e infidelidad 

Un tema que atrae a los más curiosos es el manejo de la sexualidad entre tres o más personas. Las relaciones sexuales extramatrimoniales en una unión monógama regularmente son clandestinas e inseguras, no solo porque son considerados amores prohibidos, sino porque los sujetos tienden a descuidar la necesidad de realizar sexo seguro. 

En el contexto del poliamor pareciera haber el consenso en el uso del condón o la protección en general, con el fin de no poner en riesgo la salud de alguno de sus miembros.

La concertación permite la conformación de grupos cerrados de tres o más individuos para controlar las vías de contagio de las enfermedades de transmisión sexual. Es decir, sus miembros acuerdan una especie de polifidelidad grupal en su vida amorosa y actividad sexual.

¿Es la relación poliamorosa una forma de orgía? No, porque se plantean normas y límites; el desenfreno sexual, propio de la orgía, no caracteriza normalmente a las relaciones formales poliamorosas. 

El poliamor exige, por supuesto, un mayor gasto de energía psíquica y física para conservar una buena comunicación, que trascienda los comportamientos tradicionales. Por ello, estas relaciones necesitan más atención para sostenerse en el tiempo.

Por el lado del gusto y el entendimiento sexual, los vínculos que se establecen en el poliamor son tan importantes e igual de necesarios como en las parejas monógamas. La atracción y la empatía es un requisito en ambas formas de relación amorosa.

La presión social contra estas formas alternativas de relacionarse no deja de manifestarse, aunque cada vez más las generaciones más jóvenes tienden a aceptarla e incluso experimentarla.

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