julio 24, 2024
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Hábitos

Los hábitos son un ingrediente esencial de nuestra cotidianidad. De hecho; las personas más exitosas son aquellas que tienen mejores hábitos. Y cuando nos referimos a los hábitos es teniendo en cuenta una gama amplia: de vida, de salud, financieros, laborales, etc.

No cabe duda que el asunto de los hábitos es algo medular en muchos sentidos. Por eso, han sido estudiados por disciplinas como la psicología y la sociología. Además, mucho se ha especulado sobre la disciplina necesaria para tener hábitos de tipo positivo.

¿Qué son los hábitos?

Por supuesto, antes de proseguir es necesario esclarecer este concepto. La verdad, los hábitos son algo que experimentamos todos los días. ¡Lo que pasa es que no nos damos cuenta! Se vuelven tácitos, los cumplimos sin percatarnos y envueltos en los misterios de la costumbre. Por eso, es muy difícil estar conscientes de los hábitos.

Los hábitos representan los frutos finales del aprendizaje que se concretan en una forma de ser y actuar del individuo, los cuales tienden a manifestarse posteriormente de manera más o menos exacta. 

Los hábitos se diferencian de las pulsiones, como el automatismo en la succión del bebé de la leche materna, porque es adquirido. Sucede que los hábitos se pueden cultivar y se aprenden. Incluso, muchas veces tener o abandonar un hábito es una elección. Por ejemplo, al tomar la decisión de dejar de fumar.

Características de los hábitos

Los hábitos, indistintamente de cuáles sean, están estructurados por tres componentes, que se repiten de forma constante e inconsciente cada vez que aparece: a) el desencadenante, b) la rutina y c) la recompensa.

  1. El desencadenante o recordatorio responde a un impulso inconsciente.
  2. La rutina es el comportamiento que se produce gracias al desencadenante.
  3. La recompensa es el fruto de esa conducta habitual.

Pero, los hábitos pueden ser buenos o malos, favorables o desfavorables, perjudiciales o saludables. Eso que regularmente ya forma parte de la vida diaria puede llegar a ser una catapulta para el desarrollo personal o un verdadero obstáculo.

Hay hábitos positivos y hábitos negativos

Los buenos hábitos son los que permiten que los sueños, planes, metas de estudios y profesionales se concreten algún día. Y esto es porque, como es evidente, los hábitos son acciones y conductas rutinarias que se ejecutan de manera automática. 

El sujeto debe realizar unas rutinas y procesos que lo conserven focalizado y direccionado hacia sus objetivos, si esa concentración será imposible lograrlos. Para cada nuevo objetivo corresponderá la creación de un nuevo hábito, debido a que este es el que permite alcanzar el objetivo. 

Los objetivos son entonces como una especie de ruedas sobre las que se llegan a los hábitos. El asunto, es que muchas veces hay hábitos que se gestan si tener objetivos. Se puede decir que los malos hábitos suelen detentar esta última característica. 

  • Los malos hábitos pueden ser sustituidos por hábitos buenos. Se requiere de fuerza de voluntad y constancia, pero lo particular de la conducta habitual es que debido a la constancia los beneficios comienzan a hacerse realidad y el hábito se ve reforzado. 
  • Una vez que los hábitos buenos se fortalecen el propio sistema de satisfacción los retroalimenta.
  • Los buenos hábitos llevan a una vida mejor y más integral. La formación de la personalidad y la socialización están estrechamente relacionadas con la formación de buenos hábitos. 

Como sujeto gregario e interdependiente, el ser humano depende de una estructura de hábitos sociales, que si no adopta para sí no podrá adaptarse y convivir con el entorno. Y este es otro punto a considerar: ocurre que muchos hábitos son inculcados por el medio social en el cual nos desenvolvemos.

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Ejemplos de hábitos 

Habría que ejemplificar y diferenciar los hábitos buenos o saludables de los hábitos malos o no saludables. Para tocar más a fondo este tema, nos corresponde hacer algunas aclaratorias:

  • Los hábitos saludables son todos los comportamientos que tienden a optimizar la salud de los individuos. Se extiende, desde luego, a las acciones consecutivas que no se relacionan directamente con la salud; aunque sí ayudan al bienestar en general.
  • Los hábitos perjudiciales son las conductas reiteradas que dañan el bienestar de las personas. Infortunadamente, son muy comunes. 

Una lista ajustada de los hábitos saludables quedaría así: realizar actividad física diaria, ingerir alimentos ricos en fibra natural, no ingerir refrescos sino agua, dormir entre siete y ocho horas diarias y practicar la lectura diaria.

Ahora bien, los hábitos malos son tan numerosos como los buenos, a saber: el consumo de bebidas alcohólicas y drogas, no hacer ningún tipo de actividad física, postergar las actividades importantes, dormir cuatro a seis horas por día, dejar los proyectos inconclusos, masticar muy poco los alimentos antes de tragarlos, descuidar la higiene personal, comer alimentos azucarados y procesados y el hábito de fumar, entre otros.

Importancia de los hábitos

La formación de hábitos se da desde tempranas edades y, mientras se tenga plena conciencia, es posible crear nuevos hábitos, aún en edades avanzadas. Lo esencial es que se tenga motivación y se esté dispuesto a esforzarse en función del mismo.

La importancia de los hábitos de deja ver a diario. La vida misma depende de ellos. Los hábitos como acciones repetidas hacen que la mente cree conexiones neuronales y su automatización permite desocupar la actividad cerebral para mayores empresas. En efecto, los hábitos hacen a la mente humana más eficiente. 

La conexión entre hábitos nuevos y hábitos viejos

Al principio, es difícil crear esas nuevas conexiones (nuevos hábitos) y los viejos hábitos que se quieren desechar tienden a imponerse. Y es que los hábitos tienen otra característica: muchas crean una zona de confort de la cual las personas no hacen el intento de salir. Lo paradójico es que los malos hábitos también desencadenan esta zona de confort. 

Un hábito (bueno o malo) se conquista gracias a la repetición. Una vez que la conducta es automática, el cerebro se despeja para otras actividades. Por ello, cualquier actividad que se realiza asiduamente la mente la registra y la transforma en hábito. La formación de hábitos necesita la constancia y el tiempo. 

La indudable importancia de los hábitos para las personas

Los hábitos son importantes para muchas funciones de la vida y son ejecutadas sin que el individuo se percate. Gracias a los hábitos, hacemos las cosas sin tanta planificación o gastando nuestras energías en pensarlas. Permiten tener más tiempo libre para hacer otras actividades.

Ese “espacio” libre que dejan los hábitos es usado para llevar el ser humano a Marte, crear energía no contaminante o una vacuna contra un virus. ¿Qué sería del ser humano si cada vez que tenga que andar en bicicleta, sujetarse los pantalones o subir escaleras, etc., tenga que hacer un curso? 

Sobre la conformación de hábitos saludables

Los buenos hábitos mejoran sustancialmente la salud integral de cualquier persona. Ellos definen el estilo de vida y proyectan el futuro de los seres humanos, pues abarcan más del 40% de los comportamientos diarios. Eso quiere decir que los hábitos no solo forman parte de nuestra cotidianidad, sino de nuestra vida en general. ¡Casi la mitad de lo que hacemos se lleva a cabo con los hábitos!

Cada hábito va conformando un todo. Por ello, la transformación permanente se logra a través de la construcción de nuevos hábitos saludables. Además, una vez obtenidos los hábitos positivos es necesario cultivarlos. Es decir, hay que mantenerlos para que no se difuminan o sean cambiados por hábitos negativos. 

La necesidad de compromiso y disciplina para lograr buenos hábitos

La conformación de hábitos saludables habla por sí mismo de un elevado nivel de compromiso hacia sí mismos. Esto es algo importante: los buenos hábitos son siempre un compromiso. Este compromiso es personal y busca mejorar al individuo. 

Una vida rica en buenos hábitos describe una personalidad con una excelente autoestima. Por ejemplo, la puntualidad conforma relaciones interpersonales sólidas, sean laborales o personales, porque es vista como respeto y consideración. Podemos decir cosas similares de otros tantos hábitos adjetivados como beneficiosos.

Para la salud, no hay nada mejor que los hábitos de buen comer (con dietas equilibradas y naturales), más la actividad física diaria, se revierten en una mejor calidad de vida, mejores posibilidades de superar enfermedades y, en general, generan satisfacción personal, un mejor aspecto físico y soporte emocional y psíquico.

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¿Cómo lograr hábitos que sean siempre beneficiosos?

La clave de la adopción de buenos hábitos sobre los malos en una persona adulta radica en su madurez para darse cuenta de su importancia para vivir mejor. El bien más inmediato de la conquista de un hábito es que anula la voluntad y la obligación de su autocontrol. 

 

Cuando se piensa en el hábito de vestirse para salir a la calle cualquiera se percata de que es una acción que se produce de manera automática, no amerita ponerlo en discusión: ¿sí o no? 

Lo que sí se piensa es cuál es la vestimenta más adecuada. Como es un hábito, cada vez que una persona sale a correr no discute si se viste sino qué usar y, seguramente, se pondrá la ropa que habitualmente usa. Los hábitos restan esfuerzo mental, así como prestar atención a ciertas cosas. Liberamos la atención y el intelecto para dedicarlo a otra cosa.

La liberación de recursos mentales y emocionales

Es importante que las personas no tengan que acudir al auto-control o la voluntad para realizar ciertas acciones a favor de su salud o trabajo, por ejemplo. Los buenos hábitos evitan un sinfín de problemas y aseguran que no sea necesario recurrir a la fuerza de voluntad y al autocontrol. Por ende, permiten ahorrar recursos de las personas (mentales y físicos) de manera importante.

El aspecto cualitativo del hábito implica también que el mismo sea perdurable. Una persona adulta vive su vida con base a la suma de muchos hábitos adquiridos desde temprana edad. 

Por ejemplo, sucede que cepillarse los dientes es un hábito que viene de la infancia, pero otros como la práctica de buceo, son adquiridos por voluntad propia y en un contexto adecuado, se necesitaría vivir cerca del mar.

¿Qué pasa si un hábito no puede consumarse?

Llegado el caso de que el hábito no pueda ser consumado (el ejemplo del buceador es propicio) la persona entraría en una especie de necesidad estresante. Tenderá a crear otro hábito que le produzca la misma cualidad en la recompensa. Y es entonces cuando pueden surgir los hábitos negativos: fumar, alcoholismo, apuestas, etc.

Las buenas rutinas constituyen la vida diaria y cada vez que los individuos adquieren nuevos hábitos en pro de una vida más integral, reafirman los valores en los que creen. Por eso, es necesario que las personas se revisen: que vean qué hábitos tienen. La idea es que filtren los hábitos y solo conservan los beneficiosos.

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