febrero 23, 2024
sentimiento de abandono

¿Qué representa el sentimiento de abandono en psicología?

Este artículo aborda un tema que tiene una perspectiva psicológica, social  y múltiples factores concomitantes. La idea de abandono supone necesariamente que los individuos necesitan, de una u otra manera, del concurso de los demás, ya sea de manera física, psicológica y personal o mediante instituciones destinadas a ello.

En este contexto, la Psicología Social analiza las relaciones que se desarrollan con respecto a los sujetos, los grupos y las instituciones, además de los distintos asuntos que se aprecian en el influjo y la atracción social, los sistemas de comunicación, los elementos aglutinantes, las variaciones, que fundamentan los mecanismos que gestionan la vida de las comunidades, organizaciones e instituciones sociales.

La dependencia (psicológica, fisiológica, social, material) se cumple desde el mismo momento en que el feto se comienza a formar en el útero materno. Sin embargo, el abandono de los cuidados paternos, aún sin conciencia del mismo, se hace aún más evidente a partir del nacimiento del infante, convirtiéndose en un problema social, con profunda repercusión en el desarrollo psicológico y fisiológico del infante.

Ahora bien, el sentimiento de abandono puede producirse en cualquier etapa de la vida de una persona.

La psicología del desarrollo se interesa en el estudio de las diversas etapas que conforman la vida de los seres humanos, desde la concepción hasta la muerte. El desarrollo del ciclo vital abarca las dimensiones físicas, cognitivas y psicosociales.

De la congruencia más o menos armónica de esos factores dependerá la conformación de individuos más o menos adaptativos, más o menos competentes y más o menos socializados. 

Como se verá, la figura del abandono por sí mismo, se relaciona con otras categorías de interés para la psicología, como la privación, la agresividad y la frustración. 

¿Cómo se puede definir el sentimiento de abandono?

Desde la perspectiva de la psicología, el sentimiento de abandono es definido como un síndrome que se manifiesta en la falta de seguridad emocional de fondo, vinculada con vivencias tempranas de pérdida, acaecidas en las primeras etapas de vida del individuo. 

El síndrome aparece tras experiencias prolongadas y consistentes de privación de la presencia consoladora de los padres o de su actitud amorosa. En consecuencia, se produce un estado de supresión adaptativa, por el que se ve afectado el comportamiento social del sujeto.

El sentimiento de abandono afecta la conducta del individuo dificultando los procesos de aprendizaje y socialización, derivando en un comportamiento díscolo, inconstante e irritable. 

Es indiscutible la importancia dada por el psicoanálisis a la privación materna, relacionada con la ausencia temporal o perenne de la figura de la madre, o su negligencia con referencia a la alimentación, el cuidado diario y el contacto físico cariñoso. Cuando la privación es habitual o la ausencia es intermitente pero crónica las secuelas en el desarrollo emocional e intelectual del infante son irreversibles, aunque en la vida adulta pueden ser manejables.

Se debe también entender que el sentimiento de abandono puede darse en otras situaciones de la vida adulta, como en divorcios entre parejas, separación por migraciones, separación entre hijos y padres, familiares cercanos o el distanciamiento forzado de personas de la tercera edad. Incluso, un individuo puede sentirse abandonado por la sociedad misma.

sentimiento de abandono

Características del sentimiento de abandono

Como se ha descrito, el sentimiento de abandono está relacionado con la ruptura o ausencia del vínculo emocional entre individuos, que regularmente viene acompañado de dejación de los compromisos materiales o morales y trae como resultado sentimientos de frustración.

La herida emocional es una de las secuelas más características del abandono. Por sus rasgos subjetivos, no se puede apreciar como las cicatrices cutáneas, pero se manifiestan en disfuncionalidades orgánicas (enfermedades somáticas), en problemas de adaptación al entorno, en personalidades y conductas  agresivas y antisociales. 

Pudiera decirse que el abandono se produce con o sin ausencia física. Es decir, poniendo como ejemplo la relación entre padres e hijos menores o adolescentes, el sentimiento de abandono de los hijos puede darse en familias que se conservan unidas físicamente. 

La sensación de tristeza y desasosiego que experimenta un niño puede surgir solo de la desatención afectiva, aunque tenga cubiertas sus necesidades materiales. De hecho, el abandono emocional se refiere al desinterés, frialdad y apatía por parte de los padres o tutores.

Además, el abandono emocional está relacionado con familias disfuncionales (no existe una clara definición de los roles), con padres extremistas (dominantes o despreocupados), castradores (no valoran las aptitudes de sus hijos) y exigentes (exigen más de lo que sus hijos pueden dar). 

Los padres o tutores autoritarios tienen unas reglas preestablecidas, inmodificables e innegociables, que son impuestas a sus hijos a raja tabla. Muestran insensibilidad a las respuestas emocionales y necesidades expresivas de sus hijos y solo quieren ser obedecidos. De manera equívoca, las expresiones de afecto y el contacto físico son vistas como signos de debilidad, por lo que en la práctica no existen.

La conducta de los individuos criados bajo parámetros estrictos terminan en la conformación de comportamientos similares, que replican con sus hijos; actuando en contra de la autoridad o convirtiéndose en seres apocados y dependientes.

Cuando los padres o tutores son despreocupados y laxos en cuanto a directrices básicas y la crianza de los menores, ocurre el extravío existencial de los infantes. La excesiva libertad es asimilada por ellos como desinterés por sus vidas.

Desde la perspectiva emocional la indiferencia marca en el individuo unas carencias afectivas, que pueden aparecer de manera más evidente al momento de criar a sus propios hijos.

Las personas castradoras regularmente tuvieron padres castradores. La castración es en el ámbito de las aptitudes y potencialidades de los niños, ya sea por autoritarismo, dejación de responsabilidades, narcisismo de los padres y búsqueda perfeccionismo.

La necesidad de corrección constante, la exigencia sin tope, la búsqueda de perfección en todas las actividades de los niños, exigida por los padres, llevan a conflictos internos, al agotamiento y la sensación de soledad. A la larga, resultan personas atormentadas por no poder llegar más allá de sus capacidades reales.

La ausencia física es uno de las causas más comunes de la aparición del síndrome de abandono. Las razones de tal ausencia son múltiples. Por ejemplo, los hijos de padres divorciados, deben vivir con el padre o la madre o en un segundo hogar (formado por el padre o la madre con su nueva pareja). 

El dolor emocional que ello genera, descrito como una sensación de vacío existencial, podría acompañar al individuo durante toda su vida.

De manera temprana, es posible observar en los niños en edad escolar (entre 5 y 12) años) algunos rasgos en su comportamiento habitual que pueden señalar un conflicto emocional o cierto inconformismo. 

Corresponde al psicólogo ubicar la causa en los casos en que el niño manifiesta falta de concentración, irritabilidad, ensimismamiento y desinterés en actividades lúdicas. Puede haber múltiples factores, entre los que se cuenta el abandono.

En fin, el abandono emocional sufrido en la niñez se va a expresar de diferentes formas en la vida adulta. A continuación se mencionan algunas secuelas:

  • El individuo carece de inteligencia emocional: no es capaz de identificar sus emociones y la de los demás.
  • La persona experimenta recurrentemente un sentimiento de vacío, sin poder darle sentido.
  • El sujeto se muestra frágil ante cualquier situación que se le presente: regularmente se ve abrumado ante las situaciones que debe afrontar.
  • Consubstancial con el punto anterior, el individuo suele sufrir de baja autoestima.
  • Puede ir al extremo, queriendo mostrarse ante su audiencia como perfeccionista.
  • La persona tiende a mostrar una fuerte sensibilidad al rechazo de los demás.
  • El sujeto adulto muestra desconfianza y no está claro respecto a lo que espera de sí mismo y de lo que el prójimo espera de él.
  • En su rol de padre o madre, lo sujetos suelen mostrarse esquivos y poco amorosos con sus hijos, lo que implicaría la continuación o replicación de la conducta aprendida.

Por supuesto, el análisis y el diagnóstico del síndrome de abandono emocional corresponde a un especialista, las manifestaciones indicadas son solo referenciales.

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¿Qué implica el sentimiento de abandono?

Mucho de lo descrito hasta aquí ya ha respondido la cuestión central de este artículo.

Sin embargo, debe subrayarse que las implicaciones psicológicas del abandono en cualquier etapa de la vida (especialmente en los niños y adolescentes),  son muy graves. 

Ciertamente, la capacidad adaptiva del ser humano juega acá un papel importante; no obstante, lo común es que se produzcan traumas que el tiempo no sana, sino una adecuada terapia de afrontamiento.

El sentimiento de abandono tiene un origen tan diverso como complejo. La ausencia del amor de los padres o de algún ser querido no tiene por qué ser consciente o intencional. 

Si bien el sentimiento de abandono tiene un origen claro en el rol de los padres o representantes, también ocurre en individuos que han quedado huérfanos, en situaciones de quiebre familiar por drogadicción, migración forzada y divorcio, como ya se mencionó.

Se han venido esbozando las consecuencias asociadas al abandono emocional en la infancia. Los adultos que han pasado por episodios de este tipo más o menos constantes, en sus primeros años de vida, suelen tener dificultades al momento de querer establecer vínculos afectivos duraderos. Son personas desconfiadas, vulnerables, apáticas (en mayor o menor medida) y experimentan dificultad para mediar con sucesos aparentemente espontáneos de rabia y tristeza.

Cuando se trata del sentimiento de abandono producido por la separación o el divorcio, e incluso el que se siente de la sociedad misma, la persona puede llegar a auto-inutilizarse con pensamientos recurrentes como: <no merezco ser feliz> <soy un fracasado> <no sirvo para nada> <no vale la pena insistir en alcanzar los sueños porque igual no lo lograré>

Son recurrentes además la co-dependencia y la necesidad de recibir aprobación de los demás. No hallan un balance entre los sentimientos que invierten en los demás y los que finalmente reciben. 

El síndrome de abandono puede aparecer de forma recurrente debido a algún estímulo, situación o agente externo. Cuando ello sucede, la persona tiende a volver a estados de inacción y abulia. Todos estos episodios, corresponde insistir, deben ser afrontados con la ayuda de un psicoterapeuta, porque constituyen señales de estrés postraumático.

Las secuelas del síndrome de abandonado se identifican también en personalidades aprehensivas. Paradójicamente, las personas suelen congeniar con parejas también conflictivas y les cuesta establecer relaciones amorosas por temor a ser abandonadas.

Los condicionamientos emocionales dan lugar a relaciones de dependencia insanas, que terminan retroalimentando la personalidad aprehensiva del individuo. El temor a ser abandono termina haciéndose realidad.

Es muy difícil que una relación de pareja se fortalezca en un clima de dependencia emocional, control, desconfianza y celos.

En la dinámica de las interrelaciones humanas es perfectamente normal que durante cada etapa de vida desaparezcan viejos conocidos y aparezcan nuevas amistades. El sentimiento de constante abandono obstaculiza la comprensión racional de esa realidad. Quien sufre el síndrome de abandono experimenta esos cambios como algo negativo.

El vínculo primigenio (madre-hijo), como se ha analizado, marca los lineamientos emocionales del futuro. Es en la infancia donde tiene lugar el vínculo de apego. Ello determina todas las relaciones de la vida adulta.

Y una máxima parece poner de acuerdo a todos los estudiosos del tema: detrás de un adulto independiente y seguro estuvo un niño dependiente, cuidado y querido.

En otras palabras: el sentimiento constante de abandono tiene su origen en un desarrollo anormal y calamitoso del vínculo de apego.

¿Qué hacer ante el sentimiento de abandono?

En estas líneas se ha advertido el carácter del abandono y su secuela en forma de “herida”, cuya cicatriz cuesta cerrarse por sí misma. Existen mecanismos psicológicos sanadores; sin embargo, también hay estímulos internos y externos que conservar la herida emocional como un lastre para el resto de la vida.

Entre los mecanismos psicológicos sanadores que habría que activar están la  autoestima y el perdón. La liberación de las situaciones dolorosas de abandono pasa necesariamente por el perdón, aunque desde luego no es fácil. 

La terapia de <desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares>, es muy útil en este caso porque permite que el psicólogo active los campos autoprotectores y curativos de la mente del sujeto. 

En rigor, la Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares (DRMO) o Eye Movement Desensibilization and Reprocessing (EMDR), es un método psicoterapéutico, que incide sobre el sistema de procesamiento del sujeto, favoreciendo su restablecimiento.

Los abusos psicológicos y físicos, el abandono, la muerte de personas queridas, entre otros traumas, afectan el sistema de procesamiento del individuo y generan síntomas y pensamientos diversos, a saber: angustia, tristeza, dolor, miedo, resentimiento, inseguridad, merma de la autoestima, afirmaciones como <no sirvo para nada> <soy estúpido> <tengo mala suerte> entre otras. 

El método de DRMO se enfoca en los elementos fisiológicos de los problemas emocionales, generando una transformación de los recuerdos traumáticos que producen el abandono.

En el campo de la psicoterapia, también la comunicación es útil para ayudar a liberar las cargas emocionales del pasado. El intercambio de experiencias dolorosas favorece la catarsis de las mismas y el sentido de solidaridad y seguridad emocional.

El afrontamiento del sentimiento de abandono pasa obligatoriamente por la desconexión paulatina de la rabia y el resentimiento que produce. La memoria humana es una suerte de territorio compuesto por capas sedimentarias, cuyas partes más oscuras pueden permanecer en el fondo mientras por encima fluye la memoria más reciente, cargada de gratos recuerdos, sueños y deseos de vivir.

A manera de conclusión

La capacidad autoreflexiva es una cualidad que debe ser cultivada desde el mismo momento que se comienza a perfilar la personalidad del individuo. Ello ocurre en la adolescencia y se estabiliza más o menos a los 21 años de edad. 

El desarrollo de la inteligencia emocional forma parte de esa búsqueda necesaria para saber y poder lidiar con las emociones positivas y negativas. La toma de conciencia de las mismas es fundamental en un proceso de superación del sentimiento de abandono.

Las emociones buenas y malas se manifiestan a través de comportamientos y actitudes ante los sucesos de la vida, por ello es importante la capacidad autoreflexiva.

¿Qué se requiere emocionalmente? Luego de identificar las emociones, más relevante resulta saber qué y cómo hacer para lograr satisfacer sus necesidades.

El autoconocimiento sirve para identificar los viejos prejuicios que se tienen sobre sí mismo. Seguramente, a partir de allí se dará cuenta de que sus necesidades emocionales sí merecen el lugar número uno en sus prioridades existenciales.

Debe ser compasivo consigo mismo, cuidarse, no ser tan autocrítico y solicitar la ayuda especializada cuando observe que su mundo tiende a desbordarse.

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